El líquido más preciado

El título de mi artículo para esta semana quizás les haga pensar que voy a reflexionar sobre el petróleo, ese líquido denso, grasiento y oscuro que se ha erigido, desde su descubrimiento, en el auténtico referente de la economía mundial.

¡Pues no, señores!  Hoy quiero hablarles del agua. Tan simple aparentemente pero tan determinante para la continuidad de la vida en nuestro planeta.

El líquido elemento ha sido el origen de toda forma de vida y es quien regula, con sus ciclos, tanto las estaciones anuales como los diversos ecosistemas de nuestro mundo.

Cualquier ser vivo ha de permanecer cerca de una fuente de agua para poder sobrevivir.

El ser humano, desde los albores de las civilizaciones, se asentó siempre en lugares próximos a ríos, fuentes o riachuelos para garantizar la supervivencia del grupo.

La posición, más o menos cercana a una fuente de agua potable era determinante para la posición de poder de una comunidad- Se comerciaba con el derecho a acarrear agua – Si ¡no nos hagamos ahora los indignados! El ser humano ha comerciado siempre y ha ejercido su poder con las necesidades básicas del prójimo porque eran las únicas pertenencias que tenían.

Autora - Beatriz Concha. Título obra: "Mujer de agua". Técnica: Litografía, collage y acrílico Dimensiones: 55 x 37,5. http://www.beatrizconcha.com

Esto ha sido así hasta que la conjunción de la evolución, la Revolución industrial y el desenfrenado avance en el transporte nos han puesto en situación de comerciar o detentar el poder con cualquier cosa que pueda ser determinante para el vecino. Según la evolución nos iba creando más necesidades, más dependientes y esclavos nos hacíamos de las pertenencias y el poder de otros semejantes. Ya saben “Liberté, Égalité y Fraternité”

El agua, como les iba diciendo, ha sido una de las primeras causas de guerras entre poblados y comunidades. El agua permitía regar los campos y abrevar a los animales. Permitía un excedente de producción para tiempos de escasez o para comerciar con él….

Esto ha sido así hasta nuestros días. En nuestras áreas rurales no tienen el mismo valor las fincas de regadío que las de secano. Las primeras son más productivas y fáciles de trabajar. ¡Cuántas disputas y riñas no habrán nacido por desvíos de aguas hasta hacer necesarios regular exhaustivamente su uso y disfrute de forma racional y ¿equitativa?!

El consumo de agua en nuestros días se ha vuelto desorbitado. La hemos malgastado como si no tuviese fin. ¡Somos el Planeta Azul! Pero sólo en el llamado primer mundo. A día de hoy, 1.100 millones de personas (el 16% de la población mundial) no tienen acceso al agua potable y 2.400 millones de personas (¡El 40%!) carecen de servicios de saneamiento, abocando a esta población a enfermedades erradicadas hace décadas del primer mundo.

No queremos ver (con la globalización actual de la información no ha lugar otra expresión) esa desigualdad irracional en un derecho básico del cualquier ser vivo, planta o animal.

Por eso me pregunto ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar?

¿Seremos capaces, unos cuantos privilegiados, de perder nuestro Planeta Azul, siempre y cuando podamos mantener nuestro oasis de abastecimiento regular, sin importarnos el resto de la vida?

¿Somos incapaces de comprender que si no se salvan todos no nos salvamos ninguno?

¿Por qué negamos al prójimo el delicioso placer del agua cristalina y fresca, tanto para paliar la sed como para el deleite que supone sentirse arropados e inmersos en el líquido primordial que genero la vida en nuestro Planeta?

 

Justine de la Bretonne

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3 respuestas a El líquido más preciado

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Joaquín dijo:

    La pregunta retórica es muy buena: ¿Somos incapaces de comprender que si no se salvan todos no nos salvamos ninguno?

    En efecto, lo que hacemos aquí repercute allí, y viceversa. Vivimos en un mismo planeta y todo, absolutamente todo, está interrelacionado. No podemos ser irresponsables aquí y decir acto seguido que ‘a nosotros no nos falta para comer ni beber’, cuando ocurre que allí les falta para comer y beber por culpa de nuestros actos irresponsables.

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