Pan para hoy… hambre para mañana

En este 2012 Justine de la Bretonne sigue a nuestro lado sacando su lado más verde y guerrero. Le mandamos un abrazo muy fuerte y deseamos que este sea el primero de muchos años nuevos juntos.

Estimados Amigos, esta semana quisiera transmitiros mis reflexiones sobre la concentración de monocultivos en amplias regiones del planeta. ¡Allá vamos!

Forzados por la fuerte demanda de los países industrializados y para fomentar un crecimiento económico a cualquier coste, muchos países en vías de desarrollo se han visto abocados a concentrar su producción agrícola en una variedad limitadísima de cultivos, lo que conlleva un enorme riesgo para la soberanía y la seguridad alimentaria de su población.

¡Qué triste! Una parte de la humanidad se aprovecha, sin ningún tipo de consideración, de la precariedad de la otra parte para medrar ¿Cómo llamarían ustedes a esto?

Empecemos con el café, delicioso brebaje que nos reconforta por la mañana, culmina nuestras comidas y prolonga nuestras sobremesas y preguntémonos:

 ¿Cuántos negocios no se habrán cerrado “tomando un cafetito”?

 ¿Cuantos jefes desaprensivos no se habrán librado del ahorcamiento (con soga de algodón 100%, que estamos en una página ecología, por favor) al decidir su subordinado “no le aguanto más, me bajo al bar a tomar un café”?

¿Cuántas crónicas y columnas de periódicos no se hubiesen escrito sin un cafetito de por medio? (Bueno, esto tampoco hubiese sido tan grave)

Y así podríamos seguir un buen rato…. Pues bien, el café se cultiva en países en vías de desarrollo, que están poniendo su futuro en un brete, como es el caso de Nicaragua: su dependencia del cultivo del café – 26% de las explotaciones agropecuarias y 15% de la tierra cultivable – impide que acceda a un modelo de desarrollo sostenible. El cultivo del café acarrea desforestación, pérdida de biodiversidad, contaminación agroquímica, erosión del suelo, agotamiento de los recursos hídricos y el desplazamiento de campesinos de sus tierras tradicionales. Tras más de un siglo de agresión, este medio ambiente no puede soportar el crecimiento de este cultivo si no se aplican políticas agrarias que regulen las técnicas de cultivo y permitan al suelo recuperarse.

Fuente imagen: http://www.guate360.com/galeria/details.php?image_id=3999

Pero, como los seres humanos somos especialistas en superarnos en nuestra incongruencia y desfachatez, somos capaces de erigirnos en abanderados de la ecología, lo verde y lo sostenible, promoviendo los biocombustibles, pero sin pensar en el gran perjuicio que causan a regiones enteras de países demasiado alejados de nuestra órbita de interés.

Ahí van algunos ejemplos de monocultivos para la producción de biocombustibles:

Colombia: cultivo de azúcar, maíz, palma aceitera y soja.

Argentina: cultivo de soja y oleaginosas.

Brasil: cultivo de soja y caña.

Guatemala: cultivo de caña de azúcar.

Y ahora…los resultados devastadores:

Este tipo producción ha empeorado la economía campesina, al verse desplazadas poblaciones enteras y destruidos ecosistemas naturales. Se han reducido drásticamente los suelos dedicados al cultivo de alimentos, lo que ha provocado una carencia de productos directamente proporcional al aumento de precio de los mismos. Esto es, los sectores más pobres de la sociedad desplazados, casi nada que llevarse a la boca y lo que encuentran a precio de oro, porque el impulso de los países industrializados ha hecho que el maíz (alimentación básica campesina) supere picos históricos de precios.

Invasión de bosques y selvas, obligando a las poblaciones a incorporarse a esquemas de producción que contradicen sus costumbres y tradiciones, sin consentimiento ni información alguna.  ¡Por el artículo 33!

Impacto negativo en la salud de la población por el uso sin restricción alguna de agroquímicos.

En Guatemala, los intereses que genera este tipo de producción han sido capaces de desviar incluso el curso de los ríos para garantizar la irrigación de los cultivos, aumentando la incidencia de inundaciones en invierno y sequías en verano. De seguir este ritmo de desforestación selvática, para 2040 habrán desaparecido todos los bosques de Guatemala, es decir, ¡Dentro de 28 años!

Las desgracias naturales que todo esto ocasiona nos parecen muy lejanas. Salen un par de días en las noticias y se olvidan rápidamente. Si tienen “suerte” de que ocurra en épocas navideñas recibirán algo más de ayuda, por aquello de que en esa época se nos ablanda un poco el corazón. Pero adolecemos de una fraternidad para con nuestro prójimo equiparable a nuestro egoísmo.

Todo esto nos trae al pairo. Estos países están muy lejos de nosotros y ahora lo más “in” es ser ecológico y promover un desarrollo sostenible. Y yo me pregunto: desarrollo sostenible ¿Dónde?

Porque la realidad, estimados amigos, es que de un terreno yermo y agotado…no se puede esperar ningún crecimiento, ni sostenible ni insostenible.

Justine de la Bretonne

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