Vida sostenible

El olor de las ciudades

14 Oct , 2011  

Una de las mayores paradojas que experimento, cada vez que me “traslado” al presente milenio, es leer en los libros de historia cualquier tema relacionado con mi época.

Para los historiadores actuales, los arrabales y el laberíntico trazado de las ciudades del siglo XVIII eran cenagales de suciedad, desperdicios e inmundicias que los ciudadanos arrojaban impunemente a las calles, en las que campaban a sus anchas ratas y cucarachas.

Fuente: http://ookaboo.com/o/pictures/picture.large/197964/A_late_18thcentury_illustration_of_a_pro

No voy a negar que la falta de higiene y la acumulación indiscriminada de basura impregnaba el ambiente de un denso olor a humanité, pero nuestra basura era totalmente biodegradable, nuestro cielo era limpio y nos bastaba acercarnos a la nariz un pañuelo perfumado o un pequeño bouquet que cualquier dama llevaba siempre a tal efecto. También debíamos de andar con cuidado para no recibir una desagradable sorpresa si el aviso de “agua va” nos llegaba un poco tarde.

Las noches eran misteriosas, oscuras y silenciosas; los astrónomos no necesitaban emigrar a lugares inhóspitos porque se podían ver las estrellas – para deleite de los poetas de medio pelo y los gatos de tejado-, Y si la cosa se ponía insoportable, sobre todo en verano, organizábamos deliciosas estancias en la campiña, lo que nos proporcionaba libertinas y sensuales experiencias.  Ah ¡¡¡Quelle joie de vivre!!!

Fuente: http://ookaboo.com/o/pictures/picture.large/1560424/Merton_Place_copperplate_18th_century

Teniendo en cuenta todo esto, yo me pregunto: ¿Cómo tienen ustedes la desfachatez de decir que nuestras ciudades apestaban y eran insalubres, teniendo en cuenta la espesa capa de polución que corona las urbes, grandes y medianas, del siglo XXI?

Actualmente viven inmersos en la turbia nube tóxica que desprenden los miles de coches que circulan por sus calles, las calefacciones a “todo gas” y los aires acondicionados a pleno rendimiento. Al divisar una ciudad desde el extrarradio, asusta esa masa marrón sobrevolando los edificios.

¿Qué tiene esto de humano? ¿Cómo afecta y afectará esta exposición a un organismo concebido para vivir en un entorno natural?

También generan basura, pero la envuelven en plástico y la depositan en inmensos basureros. Y, por cierto, la mayoría de los materiales de desecho son imperecederos……

También tienen ratas, pero alcanzan tamaños de conejo y las cucarachas son casi como pastillas de jabón.

Sus noches igualan al día en luces y ruidos; viven a una velocidad desenfrenada y soportan eternamente un olor acre y ácido a combustible quemado, que nada tiene de humano.

Cierto que han alcanzado un nivel de higiene excelente – aunque algún que otro viaje en metro me haya hecho dudar de ello – y las comodidades de las que gozan eran impensables en mi época, pero deberían ustedes de pensar que este ritmo de polución pasará factura a corto plazo.

Estimados Amigos, está claro que el progreso y la cómoda vida que disfrutamos en el siglo XXI exige ciertos sacrificios, pero ¿No sienten ustedes, a veces, que estamos perdiendo la dimensión del ser humano ??

 

Justine de la Bretonne

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Vida sostenible

Concebido para ser reciclado

5 Oct , 2011  

La materia no se destruye, se transforma, y la basura siempre permanece con nosotros, en un lugar a salvo de miradas indiscretas y sensibles, pero sigue en nuestro planeta, que es el límite que dibuja nuestro planeta azul.

Un planeta azul para el cual solemos tener un gesto amable, reciclamos, damos ejemplo, y se nos hincha el pecho de autosatifacción, pero por qué no decirlo, también se nos llena de autoengaño.

Sí, un autoengaño que hace funcionar a toda máquina esa parte del cerebro que nos insufla placer y tranquilidad…

Muchos estaréis pensando que no soy razonable con mis palabras, y aunque efectivamente reciclar hace mucho, no es todo tan sencillo como aparenta, el reciclado “total” es algo bastante difícil de llevar a cabo por cualquier usuario.

En muchas ocasiones y cada vez más, vemos como anuncios muy bien estudiados, nos presentan objetos que dicen son más eficientes y respetuosos con el medio ambiente “por esto o por aquello”.

Pero eso en el mejor de los casos no deja de ser una propiedad mínima y concreta de un producto, un productos que cubre un abanico casi inabarcable de procesos durante su vida, o como decirlo… si cogemos un electrodoméstico de esos de triple A, cierto es que tiene algunos beneficios (y más si es alguna gran estrella del futbol quién nos lo dice), pero… ¿qué proceso tiene ese electrodoméstico desde que nace hasta que muere?

Cada parte de ese aparato “eficiente” se subdivide a su vez en otras pequeñas partes, que probablemente se hayan fabricado en diferentes puntos del globo. Para lo cual se han usado diferentes medios de transporte, e igualmente todas esas piezas de descomponen a su vez en diversos materiales básicos, plásticos, metales,pinturas, grasas, etc. que requieren fábricas para su transformación desde las materias primas originales, que requieren a su vez de minas, refinerías, industrias químicas, etc… con sus pertinentes transportes y procesos de trabajos, con sus gastos energéticos y sus consumos de agua y generación de deshechos propios de cada tipo de industria… pero eso es el principio…

Después, a su “muerte tecnológica” la cosa no pinta mejor, todos esos materiales se deberían separar uno a uno para su pertinente reciclado o reutilización, y de hecho, muy amablemente nos cobran una tasa incluida en este tipo de electrodomésticos, pensada ex-profeso, para su posterior reciclado y que por supuesto (lamentablemente) no se cumple.

Dichos aparatos, como otras tantas cosas acaban como no deben acabar, acabando con nuestro planeta.

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