Vida sostenible

Homo predator

24 Feb , 2012  

Como todos los viernes Justine de La Bretonne nos deja sus reflexiones, esta semana, sobre un tema que desgraciadamente sigue sucediendo después de miles de años.

Esta semana, quisiera transmitirles mis impresiones, después de leer un interesante artículo sobre la tremenda acción depredadora que el “homo sapiens” ejerce en la vida de nuestro planeta.

Empecemos por los orígenes (que siempre es una buena forma de empezar):

Los llamados depredadores se pasean por nuestro planeta desde hace unos 500 millones de años. En un principio eran sencillos organismos marinos, pero la evolución natural de las especies fue alterando genéticamente a presas y depredadores. Ambos tipos de animales fueron adaptando su fisonomía o hábitos, los primeros para hacer más difícil su captura y los segundos para hacerla más fácil.

Si un depredador evoluciona para ser más veloz, su presa natural desarrollará pies más veloces.

Como los depredadores desarrollan dientes más afilados para desgarrar la carne de sus presas, estas desarrollan cuernos y pieles más gruesas para evitar estos dientes.

Algunos animales cazan en grupo, por tanto las presas se agrupan en rebaños defensivos.

A esto se le llama, señores, cadena evolutiva. Y los animales van transformándose a lo largo de milenios en una secuencia lógica y racional de alteraciones y adaptaciones, manteniendo en equilibrio constante la biodiversidad del planeta.

Pero llegamos nosotros, los seres humanos, y en pocos milenios nos hemos convertido en el peor de todos los depredadores que hayan existido en la historia de los seres vivos – los “number one” – y encima, presumiendo de ello.

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Fuente imagen: http://raulrv.blogspot.com/2009_07_01_archive.html

Pocos seres vivos han desarrollado defensas contra nuestra especie. Además, a muchos de ellos, no les hemos dado tiempo. Si se toman la molestia de leer noticias relacionadas con zoología, verán que gran cantidad de especies se descubren pocos decenios antes de su total extinción.

Todo esto fue consecuencia de nuestra inteligencia, nuestra astucia y nuestra habilidad para planificar estrategias. El problema es que en vez de aprovechar esas cualidades para fines coherentes, los hemos invertido en posicionarnos en una auténtica avalancha hacia el carajo más absoluto.

Da igual la adaptación que haya sufrido otro ser vivo para protegerse de nosotros. Con una soberbia sin parangón, resulta paradójico como hemos sabido sacar provecho de algunos mecanismos de defensa.

Veamos algunos ejemplos:

– Que el animal en cuestión se hace más y más grande: nosotros nos lanzamos desesperados a la caza del ejemplar más voluminoso, con el único afán de colmar nuestro ego de “campeones”.

– Que muchos invertebrados desarrollan un caparazón duro y resistente: convertimos esa protección en peinetas y camafeos.

– Que nuestra posible presa segrega un veneno letal para el ser humano: pues lo convertimos en infiltraciones subcutáneas para mantenernos tersos y jóvenes.

– Que numerosas especies han evolucionado hasta lucir una cornamenta espléndida: salimos a cazarlas para colgarlas en las paredes como trofeo, hacernos patas de taburetes, ceniceros o, si no son muy grandes, nos la colgamos al cuello.

– Los machos de muchas especies han desarrollado vistosos plumajes o llamativas pieles. Nosotros nos las ponemos encima, en un intento ridículo de emular su belleza y nobleza natural.

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Fuente imagen: http://www.rhinoresourcecenter.com/

No cabe duda, somos la mayor plaga de este planeta. Y lo somos por nuestra actitud soberbia y egoísta.

No nos hemos parado a pensar que somos una especie más. Nosotros no hemos experimentado las evoluciones y adaptaciones físicas del resto de seres vivos. Hemos tenido la inmensa suerte de ser los elegidos para experimentar la mayor de todas las evoluciones: la inteligencia racional. No niego que en nuestro entorno habitual, de vez en cuando, encontremos algún espécimen de “eslabón perdido” que no llego al reparto de esa virtud, pero debemos aprovechar esa ventaja para hacer que nuestro pequeño rincón del universo siga siendo ese milagro mágico llamado Vida.

Les ruego, por tanto, que evolucionemos en esa inteligencia, que seamos coherentes y sabios, respetuosos y comedidos. Sería muy triste haber recibido ese don para acabar siendo los cafres que acabaron con este planeta. ¡Vaya un diploma!

Justine de La Bretonne

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Consumo ecológico

Una lección de coherencia

20 Ene , 2012  

Esta semana me ha costado decidirme a la hora de ponerle título a mi artículo. He barajado varias opciones entre las que figuraban Dignidad, Sentido común, Compromiso, Respeto, Sabiduría,…

Finalmente me decidí por Coherencia porque considero que engloba todos estos conceptos. Confío en que ustedes opinen igual que yo después de leer mi artículo, que versa sobre la siguiente noticia:

“El Gobierno de la República Democrática del Congo ha suspendido toda actividad relacionada con la extracción de petróleo en el Parque Nacional de Virunga hasta que no cuente con información suficiente para poder estimar el impacto de esta actividad en el lugar.”

EL valor de esta noticia es, así sin más,  realmente brutal y marca un importante precedente: los intereses económicos de las multinacionales frenados para proteger un lugar de alto valor ecológico.

Pero si analizamos las circunstancias del país en cuestión, nos daremos realmente cuenta del valor y coraje que refleja esta decisión:

El Parque Natural de Virunga es el parque más antiguo de África, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, hogar de los gorilas de montaña (en peligro de extinción), de elefantes, chimpancés e hipopótamos y cuenta con una importante y muy vulnerable biodiversidad.

El país – durante el siglo XIX, propiedad privada del rey Leopoldo II de Bélgica – fue objeto de una explotación sistemática e indiscriminada de recursos naturales para la que se utilizó exclusivamente mano de obra indígena, trabajando en condiciones de esclavitud y bajo un régimen atroz de terror, en el que fueron frecuentes los asesinatos en masa y las mutilaciones. De hecho, las manos cercenadas se volvieron tan comunes que los negreros llegaron a usarlas como moneda informal. ¡Hay que ser cafre!

A principios del siglo XX, Leopoldo II cedió sus propiedades al gobierno Belga, principalmente por la presión internacional que recibió a causa de la brutalidad con que reinaba en este territorio.

No es que mejorase mucho la situación de su población. Se les enseñaba a leer, escribir y alguna noción de matemáticas, pero poco más, dado que el Gobierno Belga consideraba que otorgar mayores derechos civiles a la población nativa  “sólo desestabilizaría la región”.

¡Mira tú qué forma tan fina de decirlo! Podían haber sido más francos: “como les demos alas a estos salvajes, se nos suben a la chepa y nos jode el negocio”

Pero no nos vayamos a rasgar ahora las vestiduras. Cualquier país europeo, en mayor o menor medida, ha devastado y esquilmado los recursos de sus colonias respectivas, sin la más mínima consideración a su población, atendiendo solamente a las necesidades creadas por nuestro egoísmo y desfachatez:

¿Que se imponía la madera de ébano para el mobiliario? – Pues a devastar bosques enteros. Total, ni eran nuestros bosques ni sufríamos nosotros las consecuencias.

¿Qué los sombreros se adornaban con las plumas más exóticas? – Pues a desmochar las colas de las aves más vistosas de las colonias.  Compréndanlo, las plumas de faisán habían quedado absolutamente “out”.

¿Qué las damas deseaban afinar su figura con rígidos corsés? – Pues a acabar con las poblaciones de ballenas como si de plagas de ratas se tratase.

 En fin, volvamos al tema que nos ocupa:

A pesar de estos antecedentes y teniendo en cuenta que estamos hablando de un país en vías de desarrollo, al que esta actividad contribuiría a sanear significativamente su economía, el Gobierno de la República Democrática de El Congo nos ha dado a todos una lección de coherencia. No ha caído en la tentación de un enriquecimiento rápido a cualquier coste ni ha cedido a las presiones de las grandes multinacionales.  En esta decisión ha primado la sostenibilidad y la conservación de su biodiversidad.

No descarto que se hayan visto amenazados con volver a los tiempos en que fueron colonia. Si entonces arrasamos con bosques enteros para sacar el caucho y diezmamos las poblaciones de elefantes por el marfil, deben de pensar que, ahora que ha aparecido petróleo, somos capaces de dejar el país como un solar.

Sinceramente, me ha emocionado muchísimo esta demostración de dignidad a pesar de las carencias que padecen.

A eso se le llama tener vergüenza torera y desde aquí, vaya mi más sincera felicitación y apoyo para este gobierno, confiando en que se mantengan firmes en su postura.

Justine de la Bretonne

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Consumo ecológico

¿Por qué soy productor y consumidor de productos ecológicos? II

27 Jul , 2011  

Hoy podéis leer la segunda parte del interesante artículo que nuestro amigo Álvaro, productor y consumidor de productos ecológicos ha escrito y que desde queremosverde.com, como a todos vosotros, tenéis nuestras líneas abiertas para publicar vuestros escritos, reflexiones, artículos…

 

PARTE 2ª

 

Algunos se preguntan si con la agricultura y la ganadería ecológica se podría alimentar a la población mundial. Yo creo sinceramente que sí, pero lo que tengo claro es que si seguimos con las mismas prácticas y dirección que estamos llevando hasta ahora no hay futuro posible ni planeta que lo resista.

Por motivos personales tuve que dejar en barbecho, durante varios meses mi huerto ecológico. Cuando por fin pude retornar mi actividad, el huerto se había convertido en una masa boscosa, con todo tipo de “malas hierbas” de más de 2,5 m. de altura. Estoy seguro de que para un agricultor convencional esa imagen sería como una pesadilla. Sin embargo, yo me sentí orgulloso de ver la capacidad regenerativa y la biodiversidad del huerto, con cientos de plantas, tales como los cardos, margaritas, castañuelas, malvas, correhula, hipérico, tomillo, mastranzo, fumaria, verdolaga, avena loca, avena común, trigo, etc…, que iban acompañadas a su vez de cientos de animales, como la mantis religiosa, mariquitas,  saltamontes, cochinillas, lagartijas, lagartos, culebras, erizos, conejos, ranas, y como no, las superabundante fauna de pájaros de la zona.

Llevo practicando meditación desde 1973 y siendo intermitentemente vegetariano desde entonces. Hago alusión al tema, pues estas prácticas me han llevado a valorar y ver un poco más allá de lo aparente. En occidente, damos importancia a aquello que podemos constatar, en el caso de la alimentación, sus componentes de proteínas, vitaminas y resto de principios inmediatos y no tenemos en cuenta lo que para mí es lo más importante por su capacidad de alimentar y por lo que lleva implícito que es que aquello de lo que nos alimentemos contenga el halo vital (pura vida). Puedo asegurar que las plantas que no se hayan desarrollado ecológicamente no tendrán esta cualidad, podrán tener un aparente buen aspecto, tanto de forma como de color, pero si pudiéramos ver su aura nos daríamos cuenta que son productos enfermos, carentes de vitalidad, como esas personas enfermas que engordan a causa de los medicamentos, tienen un aparente buen aspecto, pero todos vemos claramente que esa gordura no es sana ni natural. Eso es de lo que nos estamos alimentando, productos hinchados de forma artificial (enfermos). No podemos reemplazar la sabia acción de la naturaleza por nuestra conveniencia sin que ello tenga consecuencias. Hay estudios que constatan que los productos ecológicos tienen más principios (vitaminas, proteínas, etc.) que los que no lo son, pero no es de lo que estoy hablando, estoy hablando de alimentarnos de productos vitales y sanos, independientemente del aspecto que tengan.

 

 

Unidos en el despertar. Álvaro

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Consumo ecológico

¿Por qué soy productor y consumidor de productos ecológicos?

26 Jul , 2011  

Hoy contamos con la colaboración de Álvaro, un gran amigo de queremosverde.com y que ha escrito un artículo muy interesante en el que reflexiona sobre todo lo que entraña la producción ecológica y el consumo de este tipo de productos.

¿Por qué soy productor y consumidor de productos ecológicos?

PARTE 1

Hay quien piensa que la agricultura ecológica es una moda o una frivolidad y mientras tienen ese pensamiento, la industria, la agricultura y la ganadería convencional están arrojando toneladas de productos tóxicos de difícil o nula asimilación. Los acuíferos de los Alcores y casi todos los del país están envenenados por esta acción. Para producir unos tomates, calabacines o cualquier otro producto el agricultor convencional requiere destruir toda la biodiversidad que hay en su entorno, para ellos una simple brizna de hierba es un enemigo, por ello combinan distintos herbicidas y distintas labores agrícolas que dejan yermo todo el campo de cultivo. No sólo matan la hierba, también matan miles de animales y rompen la cadena alimenticia y regenerativa de la naturaleza. Al no regenerarse tienen que reforzar la tierra con abonos sintéticos que envenenan aún más los acuíferos y la tierra yerma. Rota la acción regenerativa y muerta la biodiversidad tienen que combatir las inevitables plagas con múltiples y cada vez más agresivos insecticidas. Más veneno, y suma y sigue… Si a todo esto sumamos los productos acelerantes, retardantes y los empleados para que el producto adquiera el aspecto ideal de color y brillo para que nos entren por los ojos, al final, ¿qué es lo que estamos comiendo?

¿Sabéis que el mar, en el que finalmente convergen todos los residuos empieza a dar señales de agotamiento y que la ganadería es uno de los máximos emisores de efecto invernadero y uno de los principales consumidores de productos farmacéuticos?

Insisto, ¿qué estamos comiendo y a qué precio? Si al precio que salió el producto se le suma el daño que se provocó al ecosistema, el precio de los daños que va a provocar en nuestro organismo, al de nuestros hijos o familiares, y el sufrimiento que todo ello, inevitablemente lleva consigo, ¿a cuánto nos va a salir el producto? Te aseguro que carísimo, infinitamente más que cualquier producto ecológico, que por cierto, si nos organizamos no tiene por qué costar más que los productos convencionales.

Muchos consumidores de productos ecológicos se acercan a este consumo por el sabor de sus productos pues le recuerda sabores ya casi olvidados de su infancia. Eso está muy bien, pero el consumo ecológico abarca mucho más. Es una cuestión de supervivencia del planeta y de nuestro organismo, tarde o temprano este envenenamiento tendrá consecuencias gravísimas.

Unidos en el despertar, Álvaro

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