Consumo ecológico

Consume tú, que ya me sacrifico yo

25 Nov , 2011  

Esta semana he leído un artículo que me ha hecho reflexionar sobre lo injusto de las consecuencias del modo de vida en el llamado “primer mundo” sobre el resto de la población.

El artículo se basa en el testimonio de 5 campesinas peruanas sobre su dura vida diaria, agravada en los últimos tiempos por los efectos que sufren debido al cambio climático sobre el que no tienen noción ni son culpables del mismo.

Una de ellas relata cómo pierden sus cosechas, sus animales se mueren y las estaciones que marcaban su ritmo de vida, los ciclos agrícolas y del agua se han hecho impredecibles. Viven en permanente inseguridad al constatar que sus costumbres ancestrales ya no les sirven en un mundo que se les ha vuelto del revés.

Quisiera reflejar dos testimonios que, sinceramente, me han llegado al corazón:

“Este año las heladas quemaron todos mis cultivos, nuestros animalitos murieron y ya no pudo dormir de tanta preocupación pensando en el alimento para mi familia, porque soy viuda”

“En mi comunidad, las mujeres aún vestimos polleras (faldas étnicas), no sabemos de zapatos y usamos nuestras ojotas (calzado de caucho), cocinamos con fogón (leña) y dormimos sobre los cueros de animales que colocamos en el suelo”

Y yo me pregunto: ¿Por qué las personas que llevan una vida tan sencilla, tan respetuosa con su entorno, han de sufrir por nuestros desmanes e insensateces?

A pesar de todo y sin ser culpables en absoluto del endurecimiento que sufren en su modo de vida, en su infinito candor manifiestan:

“Sentimos que la Pachamama (madre tierra) está molesta porque estamos destruyendo la naturaleza, se ha roto el equilibrio y tenemos que corregir”

Campesinas de Cusco en Peru, cosechando papas o patatas (http://cocinandoideas.blogspot.com/2007/09/de-peru-para-el-mundo-la-patata-o-papa.html)

 

Tienen la sabiduría sencilla y racional que el resto del mundo ha perdido en una vorágine de consumismo y despilfarro egoísta, son conscientes de lo que le estamos haciendo al planeta, sin necesidad de reunirse en foros, conferencias o cumbres con nombres rimbombantes.

En una sola frase reflejan todo el problema ecológico mundial que sufrimos, sin suscribir los protocolos que redactamos en el “primer mundo” para luego pasárnoslos por el forro….

Cierto es que el cambio climático afecta a la población en general pero, son las poblaciones pobres de zonas rurales las más expuestas a los riesgos ocasionados por el cambio climático de la Tierra.

A pesar de todos los sinsabores que viven en su día a día, su capacidad de resistencia es enorme, no piden ni mendigan nada extraordinario:

“No queremos que nos regalen dinero, pedimos apoyo para poder seguir viviendo con nuestras propias habilidades y herramientas, que se reforeste nuestra zona para volver a los microclimas a los que estamos acostumbrados desde siglos, que se conserve la biodiversidad y se fomente la producción orgánica

Huelga cualquier comentario.

 

Justine de la Bretonne

 

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