Vida sostenible

EL FACTOR 3/4

18 Sep , 2015  

El factor 3/4 en la naturaleza

Queridos amigos, esta semana voy a dejar de lado los árboles sagrados para centrarme en un asunto que me ha dejado impresionada: el factor 3/4.

Se trata de un patrón matemático que se da con una precisión asombrosa y de manera universal en la vida salvaje de nuestro planeta.

A pesar de que las consideremos una abstracción humana, queda demostrado que las matemáticas rigen la vida en la naturaleza.

Independientemente del tipo de ecosistema que analicemos – ya sean selvas tropicales, zonas lacustres, áridos desiertos, sabanas, montañas, fondos marinos, bosques e incluso los casquetes polares -, el factor 3/4 está presente sí o sí.

Vamos a explicar como se debe en qué consiste el factor 3/4

La diversidad de nuestro planeta se suele representar con la llamada cadena trófica.

En la base tenemos la biomasa vegetal y cada nueva capa superior representa a las especies que se alimentan de la capa precedente (o presas), llegando a la cúspide, en la que figuran los grandes depredadores.

Se podría pensar que el aumento de cada capa de presas conllevaría un aumento igual de depredadores en las capas superiores.

Hasta ahora, las investigaciones en ecología – aparte de la lógica – indicaban que más biomasa o presa en las bases suponía más cantidad de energía en forma de comida para las capas superiores.

Esto es, si hay más pingüinos, pues habrá más orcas; o si hay más gacelas, habrá más leones.

Se presuponía que el exponente de la ley de potencia era 1.

La pirámide podía aumentar de tamaño, pero no de forma.

inspiración fotografía naturaleza

Pues bien, según un estudio del investigador Ian Hatton de la Universidad canadiense de McGill, esto no es así.

La relación entre las capas no es lineal, sigue un patrón de potencia que es sub-lineal: el factor 3/4.

Es decir, si el número de gacelas aumenta en X, el número de leones aumentará un 0,74 (o ¾) de esa x.

Se ha comprobado que todas las relaciones presa-depredador se rigen por este ratio – el factor 3/4 -, con ligeras variaciones que van del 0,70 al 0,75.

Allí donde aumenta la biomasa de presas, disminuye el ratio depredador-presa.

Gacela en la sabana africana - El factor 3/4

Gacela en la sabana africana – El factor 3/4

Los investigadores repasaron más de 1.000 estudios sobre poblaciones ecológicas – mamíferos, invertebrados, zooplancton, plantas, etc., obteniendo datos de 2.260 ecosistemas y aproximadamente 1.500 áreas geográficas.

Y, salvo raras excepciones (algunas comunidades de peces y protistas), la relación entre depredadores y presas sigue siempre esta ley de potencia elevado a 3/4.

Para Kevin McCanny, investigador de la Universidad de Guelph, sea cual sea el ecosistema observado, la cantidad relativa de biomasa entre presas y depredadores puede ser predicha por una simple función matemática.

Los bosques, los pastizales, los ecosistemas de coníferas, las praderas marinas y las algas muestran un proceso de escalado similar, con ratios de producción per cápita en relación con la biomasa total entre el 0,74 y el 0,81.

De nuevo, el intrigante factor 3/4.

Eso implica que, en ausencia de depredadores, las poblaciones de presas aumentan si hay más producción primaria, pero con una tendencia a la baja.

Lobo mirando fijamente a la cámara

Aunque los investigadores no tienen aún muy claro a qué se debe esta ley universal, lo que sí afirman es que es clave para la estabilidad de los ecosistemas.

Según Hatton:

“Da la impresión de que las especies se reproducen a ratios menores cuando abundan. Cuantos más animales y plantas hay, menos crías tienen. Para que el balance del ecosistema se mantenga, los depredadores están limitados por la cantidad de crías disponibles”.

Pero este razonamiento no es válido en todos los sistemas:

“Aunque podemos sugerir otras razones para explicar este patrón que vemos entre los grandes mamíferos, bosques o el plancton, no sabemos por qué los diferentes ecosistemas siguen el mismo patrón”.

Una posible explicación, relaciona este patrón como el comprobado a nivel individual.

La misma ley de potencia con exponente a 3/4 que rige lo global, rige la fisiología de los organismos, en los que el ratio de reproducción, crecimiento y metabolismo cambia en función de la masa corporal y se conoce desde los años 30 del siglo pasado como la Ley de Kleiber, en honor al químico que la postuló.

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Es lo que algunos llaman la curva de ratón a elefante, porque, todas las especies, incluidos los humanos, siguen esta ley de potencia o factor 3/4: aunque un elefante sea 1.000 veces más grande que un ratón, no necesita comer 1.000 veces más.

De hecho, cuanto mayor es el animal, consume proporcionalmente menos que un animal pequeño. Y esa ratio entre metabolismo y tamaño tiende, de nuevo a 3/4 o la 0,75 potencia.

Estimados amigos, no me negareis que este fenómeno es asombroso y prueba, una vez más, del equilibrio y maravilloso de este nuestro querido hogar en medio del universo.

Justine de la Bretonne

 

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Vida sostenible

Homo predator

24 Feb , 2012  

Como todos los viernes Justine de La Bretonne nos deja sus reflexiones, esta semana, sobre un tema que desgraciadamente sigue sucediendo después de miles de años.

Esta semana, quisiera transmitirles mis impresiones, después de leer un interesante artículo sobre la tremenda acción depredadora que el “homo sapiens” ejerce en la vida de nuestro planeta.

Empecemos por los orígenes (que siempre es una buena forma de empezar):

Los llamados depredadores se pasean por nuestro planeta desde hace unos 500 millones de años. En un principio eran sencillos organismos marinos, pero la evolución natural de las especies fue alterando genéticamente a presas y depredadores. Ambos tipos de animales fueron adaptando su fisonomía o hábitos, los primeros para hacer más difícil su captura y los segundos para hacerla más fácil.

Si un depredador evoluciona para ser más veloz, su presa natural desarrollará pies más veloces.

Como los depredadores desarrollan dientes más afilados para desgarrar la carne de sus presas, estas desarrollan cuernos y pieles más gruesas para evitar estos dientes.

Algunos animales cazan en grupo, por tanto las presas se agrupan en rebaños defensivos.

A esto se le llama, señores, cadena evolutiva. Y los animales van transformándose a lo largo de milenios en una secuencia lógica y racional de alteraciones y adaptaciones, manteniendo en equilibrio constante la biodiversidad del planeta.

Pero llegamos nosotros, los seres humanos, y en pocos milenios nos hemos convertido en el peor de todos los depredadores que hayan existido en la historia de los seres vivos – los “number one” – y encima, presumiendo de ello.

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Fuente imagen: http://raulrv.blogspot.com/2009_07_01_archive.html

Pocos seres vivos han desarrollado defensas contra nuestra especie. Además, a muchos de ellos, no les hemos dado tiempo. Si se toman la molestia de leer noticias relacionadas con zoología, verán que gran cantidad de especies se descubren pocos decenios antes de su total extinción.

Todo esto fue consecuencia de nuestra inteligencia, nuestra astucia y nuestra habilidad para planificar estrategias. El problema es que en vez de aprovechar esas cualidades para fines coherentes, los hemos invertido en posicionarnos en una auténtica avalancha hacia el carajo más absoluto.

Da igual la adaptación que haya sufrido otro ser vivo para protegerse de nosotros. Con una soberbia sin parangón, resulta paradójico como hemos sabido sacar provecho de algunos mecanismos de defensa.

Veamos algunos ejemplos:

– Que el animal en cuestión se hace más y más grande: nosotros nos lanzamos desesperados a la caza del ejemplar más voluminoso, con el único afán de colmar nuestro ego de “campeones”.

– Que muchos invertebrados desarrollan un caparazón duro y resistente: convertimos esa protección en peinetas y camafeos.

– Que nuestra posible presa segrega un veneno letal para el ser humano: pues lo convertimos en infiltraciones subcutáneas para mantenernos tersos y jóvenes.

– Que numerosas especies han evolucionado hasta lucir una cornamenta espléndida: salimos a cazarlas para colgarlas en las paredes como trofeo, hacernos patas de taburetes, ceniceros o, si no son muy grandes, nos la colgamos al cuello.

– Los machos de muchas especies han desarrollado vistosos plumajes o llamativas pieles. Nosotros nos las ponemos encima, en un intento ridículo de emular su belleza y nobleza natural.

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Fuente imagen: http://www.rhinoresourcecenter.com/

No cabe duda, somos la mayor plaga de este planeta. Y lo somos por nuestra actitud soberbia y egoísta.

No nos hemos parado a pensar que somos una especie más. Nosotros no hemos experimentado las evoluciones y adaptaciones físicas del resto de seres vivos. Hemos tenido la inmensa suerte de ser los elegidos para experimentar la mayor de todas las evoluciones: la inteligencia racional. No niego que en nuestro entorno habitual, de vez en cuando, encontremos algún espécimen de “eslabón perdido” que no llego al reparto de esa virtud, pero debemos aprovechar esa ventaja para hacer que nuestro pequeño rincón del universo siga siendo ese milagro mágico llamado Vida.

Les ruego, por tanto, que evolucionemos en esa inteligencia, que seamos coherentes y sabios, respetuosos y comedidos. Sería muy triste haber recibido ese don para acabar siendo los cafres que acabaron con este planeta. ¡Vaya un diploma!

Justine de La Bretonne

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